La pornografía te puede dejar ciego. Una de las advertencias más clásicas contra las malas costumbres ha sido probada científicamente, para solaz de todas las madres del mundo. Bueno, más o menos. Según informa The Economist punto com, un señor Steven Most de Yale diseñó un experimento en el cual mostraba una secuencia de imágenes, algunas de las cuales eran sangrientas. Se le decía a los sujetos que una de las imágenes había sido rotada y se les pedía identificarla. Se encontró que mientras más cerca después de las imágenes sangrientas se ubicaba la imagen rotada, más probable es que pasara sin ser advertida. De modo que el Sr. Most probó lo que buscaba: que este tipo de imágenes producen una condición temporal denominada ceguera inducida por la emoción. Cuando sustituyó las imágenes sangrientas por otras eróticas, el efecto fue similar. La explicación que Mr. Most propone es que habría un cuello de botella en el procesamiento de información en el cerebro, que cuando el cerebro humano estaba evolucionando, ese tipo de estímulos no eran imágenes bidimensionales sino parte del mundo real, con un valor determinado para la supervivencia individual y de la especie. Las escenas sangrientas habrían servido para captar peligro inminente mientras que las imágenes eróticas tendrían valor reproductivo. Preocuparse de otras cosas podría haber sido una distracción fatal, cuando se trataba de la supervivencia todo lo demás era secundario. En síntesis, ese tipo de imágenes te dejan enceguecido (¿enyegüecido?), te dejan loco. Por un rato. Así que ver porno puede, efectivamente, dejarte ciego. Pero después se te pasa…

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