Saturday, September 24, 2005

Han llegado comentarios que no son comentarios sino “invitaciones” a visitar otros blogs. Se pueden revisar, están pegados en algunos artículos. De hecho son los únicos comentarios so far. No los voy a sacar, a menos que lleguen a complicar la operación del sitio o dificultar de alguna manera la lectura de los eventuales usuarios. A pesar de mi avanzada edad (ya me acerco a los cuarenta) no soy tan ignorante, ya he chequeado y podría sacarlos y cerrar la entrada a otros futuros. Pero lo que más me gusta del espacio virtual es su libertad, o al menos la apariencia de libertad que muestra. Así que hacer una labor selectiva contra el spam que me mandan iría, en rigor, en contra de mis creencias. Incluso tienen un valor positivo: me han ayudado a estar seguro que el sitio está ahí y es posible interactuar con él. Le han dado sentido a esta serie de mensajes en botellas que pegoteo día tras día, sending out an S.O.S., con su involuntaria retroalimentación puedo seguir la labor. Para mí y algunos de mis coetáneos la red es uno de los inventos maravillosos que hemos podido ver en nuestra vida: el otro es el fax, esa notable aproximación a la telekinesis. Pero la red, oh, la red, esta biblioteca de Babel (que no de papel) que crece y crece y permite acceder a cualquier información en el lugar más improbable, que permite la comunicación remota a precios absurdos, que está cambiando nuestra vida en formas insospechadas, que reduce las barreras de todo tipo. La red, este himno a la libertad y la tolerancia. No seré yo quien vaya en contra de lo que más creo.

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