Las fronteras del conocimiento.
A la hora de elegir especialidad como estudiante de ingeniería civil, opté por la ingeniería de transporte. Principalmente porque es un campo relativamente nuevo y el problema tiene tantos componentes que resulta singularmente complejo, de modo que todavía es posible hacer aportes e inventar cosas, aunque sean herramientas simples para propósitos específicos, no me queda claro que se pueda aspirar a más en ningún campo. En otras especialidades como la construcción las herramientas ya están bien definidas, aunque deban adaptarse a esta era de la computación en que vivimos. Pero eso es porque la ingeniería no es una ciencia, se define como una forma de resolver problemas prácticos y puntuales y no aspira a explicar el universo. No es una ciencia, como suele creer el vulgo, sino una mera herramienta operativa, lo que para los científicos de verdad resulta absolutamente claro. La soberbia científica sí se permite objetivos tan arrogantes como la explicación del mundo porque esa es la naturaleza de la ciencia, pero los científicos serios están conscientes que siempre chocan con los límites del entendimiento humano y el hecho incontrovertible que sus teorías explicativas no son más que eso: teorías, modelos que intentan aprehender algún aspecto de la realidad pero para eso necesariamente deben reducirlo en su complejidad. Nuestro conocimiento en algunos temas, o más bien la falta del mismo, nos obliga de vez en cuando a demostraciones de humildad como la que relata el Dr. Daniel Dennet en este fragmento de su libro Tipos de Mentes (Kinds of Minds).
“Consideremos el dolor. En 1986 el gobierno británico modificó sus leyes de protección a los animales en experimentos, añadiendo el pulpo al privilegiado círculo de animales que no pueden ser operados sin anestesia. Un pulpo es un molusco, fisiológicamente más parecido a una ostra que a una trucha (y mucho menos a un mamífero) pero la conducta del pulpo y de otros cefalópodos (calamar, sepia) es tan sorprendentemente inteligente y tan (aparentemente) sentiente (Nota del Editor: neologismo referido a un cierto tipo de sensibilidad) que las autoridades científicas decidieron permitir que la similitud conductual superara a la diferencia interna: se supone oficialmente que los cefalópodos (pero no otros moluscos) son capaces de sentir dolor... no vaya a ser que sean capaces.”
Dennet publica artículos con regularidad en el notable sitio (en inglés) http://www.edge.org/
A la hora de elegir especialidad como estudiante de ingeniería civil, opté por la ingeniería de transporte. Principalmente porque es un campo relativamente nuevo y el problema tiene tantos componentes que resulta singularmente complejo, de modo que todavía es posible hacer aportes e inventar cosas, aunque sean herramientas simples para propósitos específicos, no me queda claro que se pueda aspirar a más en ningún campo. En otras especialidades como la construcción las herramientas ya están bien definidas, aunque deban adaptarse a esta era de la computación en que vivimos. Pero eso es porque la ingeniería no es una ciencia, se define como una forma de resolver problemas prácticos y puntuales y no aspira a explicar el universo. No es una ciencia, como suele creer el vulgo, sino una mera herramienta operativa, lo que para los científicos de verdad resulta absolutamente claro. La soberbia científica sí se permite objetivos tan arrogantes como la explicación del mundo porque esa es la naturaleza de la ciencia, pero los científicos serios están conscientes que siempre chocan con los límites del entendimiento humano y el hecho incontrovertible que sus teorías explicativas no son más que eso: teorías, modelos que intentan aprehender algún aspecto de la realidad pero para eso necesariamente deben reducirlo en su complejidad. Nuestro conocimiento en algunos temas, o más bien la falta del mismo, nos obliga de vez en cuando a demostraciones de humildad como la que relata el Dr. Daniel Dennet en este fragmento de su libro Tipos de Mentes (Kinds of Minds).
“Consideremos el dolor. En 1986 el gobierno británico modificó sus leyes de protección a los animales en experimentos, añadiendo el pulpo al privilegiado círculo de animales que no pueden ser operados sin anestesia. Un pulpo es un molusco, fisiológicamente más parecido a una ostra que a una trucha (y mucho menos a un mamífero) pero la conducta del pulpo y de otros cefalópodos (calamar, sepia) es tan sorprendentemente inteligente y tan (aparentemente) sentiente (Nota del Editor: neologismo referido a un cierto tipo de sensibilidad) que las autoridades científicas decidieron permitir que la similitud conductual superara a la diferencia interna: se supone oficialmente que los cefalópodos (pero no otros moluscos) son capaces de sentir dolor... no vaya a ser que sean capaces.”
Dennet publica artículos con regularidad en el notable sitio (en inglés) http://www.edge.org/

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