Martin Scorsese saca su esperado documental sobre los primeros años de Bob Dylan. La revista Time acierta en el primer párrafo de su comentario, cuando hace notar que hoy en día, luego de toda el agua que ha corrido bajo los puentes y los cantantes que imitan, conscientemente o no, el estilo de Dylan, resulta difícil hacerse una idea de lo raro que sonaba el genio cuando recién apareció, cuando los dioses del showbiz deben haber preguntado: ¿Quién lo dejó entrar? “¿Quién es este tipo que canta como un perro apaleado y debiera dedicarse a cualquier cosa menos cantar?”, son aproximadamente las palabras que Rodrigo Fresán pone en boca del fantasma de la viuda-víctima de William S. Burroughs la primera vez que lo oye en ese magnífico delirio que es su novela Mantra. Tampoco tenía lo que podríamos llamar una tremenda figura, de ésas que suben el tiraje de las revistas de la farándula. Pero como dice Time, “la gente de inmediato captó el mensaje. La imaginería era tan rica y vertiginosa, la urgencia de su rabia tan convincente y contagiosa que los auditores rápidamente modificaron la definición que habían sostenido por largo tiempo de lo que una canción folk –o una canción pop- debía ser. Y si tenía que cantar de esa forma para escribir de esa forma, entonces canta como quieras, Bob.” Más tarde desafiaría a todos los que lo habían ungido como el nuevo ídolo del folk al cambiar la guitarra acústica por la eléctrica y cambiarse al rock. Volvamos al relato de Time: “Primero Dylan reconfiguró la canción folk en una declaración politica tan personal como universal, escribiendo himnos instantáneos como “Blowing in the wind” y “The times they are a-changing”. Luego subió los amplificadores a sus baladas surrealistas postrománticas y se convirtió en una estrella de rock. Estaba consciente de lo que estaba creando? Por supuesto. ‘Artísticamente estaba en un escenario puntual en el cual nadie había estado nunca antes’, le dice al entrevistador fuera de pantalla del documental. ‘Aunque puedo haber estado equivocado en eso.’ No, es muy correcto. La exploración musical fue de acuerdo a su plan. Lo que no había calculado era el estrellato. Dice de su primer ídolo, el poeta folk Woody Guthrie, ‘Uno podía escuchar sus canciones y realmente aprender a vivir.’ Los fans de Dylan encontraron las mismas verdades últimas en su trabajo.” Las mismas epifanías que nos sigue regalando hasta el día de hoy. Como el Jefe Springsteen, Tom Petty o incluso Joaquín Sabina, que igual que tantos otros reconocen el genio de Dylan como influencia decisiva. Habrá que ver el documental cuando tengamos la oportunidad. Los que sepan inglés pueden leer el artículo en la siguiente dirección al menos por esta semana.
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,1103584,00.html
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