Mi padre no aprecia que yo use la palabra burguesía. Siempre lo tuve claro, y por el respeto que le tengo me he cuidado de pronunciarla jamás en su presencia. Pero no puedo evitar que en ocasiones se me aparezca como el término preciso para articular mi discurso cada vez más crítico de la sociedad. Y claro, siempre hay alguien a quien mis críticas caen mal y considera oportuno comentárselo a mi padre, que se siente mucho más integrante de la comunidad que yo, que a lo largo de su vida ha tenido destacada participación como dirigente gremial y en su colegio profesional por ejemplo, y que luego de todo lo que le ha tocado ver siente que ha contribuido a que el país progrese y que la sociedad, con todas sus imperfecciones, no está tan mal en líneas generales. Entonces cuando le van con el cuento de mis dichos se enoja, como aquella vez que me preguntó cuál era la palabra que los izquierdistas usaban para denostarnos a nosotros que somos de clase media. Esbocé una sonrisa, con mi padre no me puedo enojar salvo cuando opta por la pasividad y termina permitiendo que lo utilicen. Burgués, padre, dije. No atiné a explicar que no estoy seguro si soy de izquierda o de derecha, que sólo sé con certeza que soy liberal. Ni que tampoco busco insultar a la clase de la que evidentemente provengo (de la que todos venimos, ja, ja). Sí soy mucho más crítico del estado actual de las cosas en mi país, me parece que queda mucho por avanzar, me molesta que la relativa bonanza económica nos haga glorificar la producción, que se piense que trabajar en exceso es una virtud, que en el fondo todos crean que tener más es ser más. Y claro, todos esos valores negativos los asocio a la burguesía, no como una clase social, sino como grupo que plantea una visión de mundo particularmente estrecha. Y como todavía creo que es posible aportar con una visión crítica para tratar de mejorar nuestra realidad, no puedo dejar de denunciarlo. Y que me perdone mi padre, pero debo reconocer que me molesta un poco cuando declara que somos de clase media, no porque pretenda renegar de mi origen o situación financiera ni por simple arribismo, sino porque con esa afirmación está aceptando implícitamente que la sociedad se ordena en castas definidas según cuánto tiene cada uno, una visión que no puedo sino catalogar de burguesa. Yo estoy con el escritor colombiano Fernando Vallejo, que sostiene que las clases tienen que ver con el alma, que es de clase alta quien tiene un espíritu amplio y son de clase baja los que poseen una mente estrecha. Si es obligatorio clasificar a la gente, prefiero esta clasificación. Algunos de mis amigos viven en palacios y otros no tienen dónde caerse muertos, sin embargo todos son de clase alta. Mi padre también, aunque le moleste.
Thursday, September 01, 2005
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- Name: Javier
- Location: Chile
Ingeniero civil en transportes, especialista en análisis de demanda y evaluación de proyectos. Chileno, nacido en 1968.
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