Thursday, October 06, 2005

En fin, ya nadie aprecia al viejo Stuart Mill. Prefieren a Maquiavelo y a Salomón, el que quería partir en dos a la guagua. Pero para cortar definitivamente con el tono de diario de vida que cruzó por aquí hace un par de días, aquí va una mala poesía que rescaté del archivo.

Profecía por inducción

Me negarás tres veces, por lo bajo
creyendo todo lo que te van a decir
tus amigas, tus amigos.
Que te olvidé, que enloquecí, que nunca me importaste
que fuiste sólo una sensación,
un desaprensivo dejarme ir,
un impulso electromagnético de magnitud inusual pero duración finita,
una onda destructiva que escapa a la escala de Richter,
una ilusión a la que somos tan dados las gentes como nosotros.
Preparado está el esquema
para matar tu esperanza.
Te contarán mil historias, nos mantendrán a distancia
y a mi me procesarán, por inducción
al ensueño.

Me negarás cien veces, para empezar
porque así ya lo han escrito.
El Concilio ha decidido que es lo mejor para todos,
sobre todo para ti.
El tiempo lo demostrará
aunque ahora no lo entiendas.
Ellos saben más que nosotros: lo dicen ellos, que saben.
Para el rito final, donde me arrancan el corazón
ya escogieron fecha y hora
y hasta el sumo sacerdote
ha sido ya designado,
con la sonrisa en los labios un amigo nuestro
se lo ha comunicado.
No tiene idea esta gente
cuántas veces me han matado
de cuajo creyendo el músculo haberme arrancado,
y luego el muy porfiado e hipertrofiado
siempre se ha regenerado
el muy.

Me negarás mil veces, ya están sacando las cuentas.
Se ha decidido quién de ellas se ha de quedar conmigo
porque en el fondo no soy tan malo,
sólo necesito una guía
y ellas como son tan buenas
están todas bien dispuestas
a acompañar a este malvado
que quería arruinar tu vida.
No me conocen bastante, no saben que para mi este sitio
por donde pasé un día
entre mis ires y venires
llegando incluso a pensar
que podía transformarse
en mi estación terminal
siempre llevará un solo nombre,
cargado de poesía.
También está programado
el tiempo de espera adecuado
para que un gentil caballero
venga a ofrecerte consuelo.

Me negarás n veces, para todo n entero negativo.
Me negarás hasta perder la memoria
de la que debió haber sido
nuestra increíble historia.
Con arrogancia sublime desafiamos al destino
pero eso ya es pasado, o pronto llegará a serlo.
De cualquier manera, un desatino.
Perdona si te hice daño
o te causé algún perjuicio.
Debí haber imaginado, o al menos pronosticado
este final con pena y sin gloria.
Supongo que todavía guardaba alguna esperanza
en la sociedad, en la especie humana.
Mas como era de esperar, como siempre desde siempre
mis queridos mamíferos han vuelto a mostrar la hilacha.

Me negarás n+1 veces, con recursividad.
Y el algoritmo infame que te harán memorizar repetirás hasta el cansancio,
hasta que nada tenga sentido
y tu recobres el sentido
común
y corriente, como ellos
y nunca recuerdes que una vez soñaste
con elevarte
a las alturas donde perteneces
para, por una vez, tomar lo que mereces.

Me negarás 2 veces n veces, cuando n
sea absurdamente irracional y positivo.
Y tus negaciones se irán emparejadas
dichosas ellas, doblemente positivas.
Ya sabes las propiedades lógicas
de las dobles negaciones.

Me negarás muchas veces, iterando hasta el infinito,
y yo también he de negarte.
Para no perjudicarte,
para que nunca contemples
el fondo de sus corazones.
Cumpliré mi juramento
para siempre protegerte
pues no tengo que decirte que mi negación es falsa,
que vale tanto como el dióxido
de carbono que espiro
de la boca para afuera,
una mentira piadosa en esta vida embustera,
un amable subterfugio para brindarte refugio
antes que te caiga encima
todo el peso de la ley, el mundo,
las penas del infierno que inventaron
y uno de esos pianos que amas y llevas contigo a todas partes.

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