“(...)Con su alma mezquina piensan mucho en ti: ¡les resultas siempre sospechoso! Todo lo que hace reflexionar mucho llega a hacerse sospechoso. Te castigan por todas tus virtudes. Sólo tus faltas perdonan de todo corazón. Como eres benévolo y justo, dices: “Son inocentes de su ruin existencia.” Pero su alma mezquina piensa: “Toda gran existencia es culpable.” Aún cuando tú eres benévolo para con ellos, se sienten despreciados por ti y pagan tus beneficios con malas acciones disimuladas. Tu orgullo sin palabras les contraría siempre. Se alegran cuando llegas a ser lo bastante modesto para ser vanidoso. Les excita todo cuanto apreciamos en un hombre. ¡Cuídate, pues, de los mediocres! En tu presencia se sienten pequeños y su bajeza arde contra ti en una invisible venganza. ¿No te has dado cuenta que en cuanto te acercabas a ellos se callaban y sus fuerzas les abandonaban, como el humo a un fuego que se extingue? Sí, amigo mío: tú eres la mala conciencia de tus prójimos, porque ellos no son dignos de ti. Por eso te aborrecen y querrían chuparte la sangre. Tus prójimos siempre serán moscas venenosas. Tu grandeza es precisamente lo que debe hacerles cada vez más venenosos y más parecidos a las moscas. ¡Huye, amigo mío, a tu soledad, allí arriba donde sopla el viento rudo y fuerte! No es tu destino servir de cazamoscas.
Así hablaba Zaratustra.”
(F. Nietzsche, De las moscas de la plaza pública, Así Hablaba Zaratustra)
Así hablaba Zaratustra.”
(F. Nietzsche, De las moscas de la plaza pública, Así Hablaba Zaratustra)

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