Día de Muertos. Nada de Todos los Santos ni esos eufemismos que usamos los chilenitos en estos casos. Para los mexicanos, que son más dados a llamar al pan pan y al vino vino, es el Día de Muertos. Tal vez sea la festividad más importante del año, con carnaval y desfiles y la gente disfrazada y a los muertos les llevan no sólo flores, sino también comida, de hecho hay un pan dulce especial para la fecha que, por supuesto, es el Pan de Muertos. La relación de los mexicanos con la muerte es mucho más normal que la nuestra, pero claro, es difícil encontrar una relación normal de los chilenos con casi cualquier cosa. Dicen que el mejor lugar para pasar el Día de Muertos es la isla de Janitzio, cerca de Patzcuaro, en el estado de Michoacán. Patzcuaro es un lugar bonito, la isla no es gran cosa (el lago es una porquería) pero habría que verla en Día de Muertos. Yo el año pasado para estas fechas me encontraba en México, recién llegando. Luego de tres o cuatro días en el DF llegué el fin de semana de Día de Muertos a San Miguel de Allende, pueblo turístico colonial que no conocía previamente y ahí pasé el carnaval. Conocí un grupo de gente buena en el hostel donde me alojé: un par de norteamericanas, una danesa y un alemán, probablemente el alemán más simpático que jamás he conocido. Un amigo mexicano nos llevó a La Cucaracha, bar local que se supone alguna vez frecuentó gente como Kerouac, Burroughs y Dylan, entre otros. En San Miguel conocí a mi amiga Allissa, the original Jersey Girl, con quien me volvería a encontrar un par de veces más tarde. Le escribo para saludarla, me manda una bella respuesta. Nada como la amistad de una chica linda. Me cuenta que está medio “catch 22”, me pregunta si conozco la expresión y me explica que se refiere a una situación donde es difícil encontrar la salida. Evidentemente no lo había escuchado antes, pero la fiel Wikipedia me informa que se refiere a una “no-win situation” y nació de un libro de un señor Heller, con ese mismo título, que trata de un tipo de la fuerza aérea norteamericana en la WWII que trabajaba en un bombardero y quería que su médico le diagnosticara que no estaba bien de la cabeza así que debía ser dado de baja. El problema es que el código de procedimientos de la Fuerza Aérea decía explícitamente que nadie en su sano juicio querría trabajar en un bombardero, entonces al tratar de ser dado de baja el tipo estaba de hecho demostrando que estaba bien de la cabeza, por lo tanto era apto para el cargo. No hay solución factible, si no se quejaba no lo sacaban porque no lo solicitaba y si se quejaba no lo sacaban porque significaba que estaba perfectamente apto para el servicio. Como la búsqueda del primer trabajo, nadie le da trabajo a alguien sin experiencia pero si no te dan trabajo cómo adquieres experiencia. Confío que mi querida Allissa encontrará fuerzas para salir de esa situación. ¿He estado alguna vez yo en un “catch 22”? No, eso no va conmigo, nunca podría permitirme admitir algo así porque es demasiado pesimista, significaría reconocer que mis circunstancias son más fuertes que yo y que no les puedo encontrar la vuelta. La gente del lado oscuro vive haciendo diseños para convencerme de eso pero nunca lo consiguen. Not gonna happen, no en el futuro cercano. Zaratustra no me lo perdonaría. Aunque mirando retrospectivamente tal vez en mi pega anterior, quién sabe…
http://en.wikipedia.org/wiki/Catch-22
http://en.wikipedia.org/wiki/Catch-22

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