“El budismo desafía la visión del sentido común sobre la realidad, o quizás debo decir que el budismo desafía nuestra creencia en el punto de vista basado en el sentido común. El budismo afirma que la visión del sentido común es sólo eso: un punto de vista, una forma de pensar o comprender. Puede ser útil y eficiente, pero no siempre es confiable, y no es la realidad en sí. El cuerpo y la mente no son dos sustancias sino una. La humanidad y la naturaleza son sólo dos caras de una misma cosa. Esa cosa es la realidad. Aquella cosa es la situación real de nuestras vidas, el gran universo mismo.
(...)
P: ¿Debemos rechazar el sentido común?
R: No, no lo creo. A veces el sentido común es preciso y verdadero. A veces es distorsionado y falso. Las visiones del sentido común sobre la realidad son producto de nuestra historia y tradiciones, tanto de la historia de nuestra sociedad como de la personal. Nuestra comprensión del mundo tiene su base cultural y también está influida por las experiencias en el mundo. Comenzamos a conocer la visión existente de la realidad en cuanto nacemos. A medida que crecemos, esta visión prevaleciente se vuelve más y más familiar; nuestros pensamientos y percepciones se arraigan en los modelos establecidos, nuestras respuestas hacia el mundo se vuelven rígidas y predecibles. Empezamos a ver las cosas en formas habituales en vez de tal como son directa y simplemente. Por lo tanto, debemos reconocer que nuestras visiones de sentido común son limitadas y, algunas veces, interpretaciones distorsionadas de la realidad. No necesitamos rechazarlas, pero debemos comprender que pueden ser no muy confiables.”
(Gudo Wafu Nishijima, Encontrar al verdadero dragón)
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P: ¿Debemos rechazar el sentido común?
R: No, no lo creo. A veces el sentido común es preciso y verdadero. A veces es distorsionado y falso. Las visiones del sentido común sobre la realidad son producto de nuestra historia y tradiciones, tanto de la historia de nuestra sociedad como de la personal. Nuestra comprensión del mundo tiene su base cultural y también está influida por las experiencias en el mundo. Comenzamos a conocer la visión existente de la realidad en cuanto nacemos. A medida que crecemos, esta visión prevaleciente se vuelve más y más familiar; nuestros pensamientos y percepciones se arraigan en los modelos establecidos, nuestras respuestas hacia el mundo se vuelven rígidas y predecibles. Empezamos a ver las cosas en formas habituales en vez de tal como son directa y simplemente. Por lo tanto, debemos reconocer que nuestras visiones de sentido común son limitadas y, algunas veces, interpretaciones distorsionadas de la realidad. No necesitamos rechazarlas, pero debemos comprender que pueden ser no muy confiables.”
(Gudo Wafu Nishijima, Encontrar al verdadero dragón)

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