Wednesday, November 09, 2005

Salvador Allende.

Fui al cine a ver un documental de Patricio Guzmán sobre Allende. No me aportó gran cosa, me considero un estudioso de ese período que me interesa por lo poco que recuerdo y por la impresión que tengo de que ahí hay muchas respuestas acerca de nuestra identidad actual, tantas fracturas en la sociedad y sus individuos que, fiel a su estilo, el común de los chilenos nunca logró cerrar y se limitó a seguir echándole p’adelante lo mejor que pudo. No aspiro a resolver las fracturas espirituales de mis compatriotas, simplemente me gustaría entender mejor el asunto. La película igual interesante, como documento histórico me sorprendió el tremendo aplauso en el discurso de las Naciones Unidas, impresionante, emocionante. Lástima que lo que muestra ese gesto es una postura de decir “es muy hermoso lo que hace señor Allende y nos gustaría ayudarle pero no tiene ningún futuro, lo vamos a aplaudir mucho pero está más muerto que el mundo.” Por supuesto, así era y así fue. Lo más patético del documental: los compadres hoy día discutiendo las causas de desastre entre cervezas y piscolas, patético pero profundamente chileno. ¿Lo triste? Sin duda, que a pesar de todos sus defectos y de la complejidad de la situación, en lo esencial Allende se la jugó hasta el final por la dignidad de su pueblo. Y que hoy en día hayamos descubierto que al pueblo le importa un carajo su dignidad, que el sistema actual ha venido a mostrar crudamente que todo el mundo tiene su precio. Si hasta en mi entorno físico inmediato hay tipos con título universitario y todo que no vacilan un segundo en vender a los demás y venderse ellos mismos por menos de nada. Hay quien vive de eso. Mis “semejantes” nunca dejan de sorprenderme. Lástima por la memoria de Allende.

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