Tuesday, January 17, 2006

Cómo hacerse más inteligente, inspirando y espirando.
Los científicos encuentran que la meditación no sólo reduce el stress pero también cambia la morfología del cerebro.
Revista Time, nota de Lisa Takeuchi Cullen

A las 4:30, cuando la mayor parte de Wall Street está empezando a relajarse, Walter Zimmermann comienza su acto de alto riesgo en la cuerda floja practicado en vivo ante una audiencia que paga su entrada. Cerca de 200 inversionistas institucionales –incluyendo líneas aéreas y compañías petroleras- pagan hasta 3.000 USD al mes para seguir su reporte diario en internet de los volátiles mercados energéticos, una transmisión que puede mover cientos de millones de dólares. “No me pagan por equivocarme- eso te lo puedo decir”, afirma Zimmermann. Pero mientras abre docenas de pantallas y gráficos en tres computadores, es el retrato de la calma enfocada. Zimmermann, 54, vio a la mayoría de sus colegas en mercados a futuro de energía colapsar tiempo atrás. Atribuye la duradera agudeza de su cerebro no a una inyección intravenosa de café express sino a 40 minutos de meditación cada mañana y tarde. La práctica, afirma, le ayuda a mantener la claridad que necesita para análisis rápidos y penetrantes –incluso cuando se acerca el happy hour. “La meditación”, dice, “es mi arma secreta”.
Todos en la oficina saben que la meditación reduce el stress. Pero con la ayuda de tecnología de avanzada de imágenes del cerebro, los investigadores están comenzando a mostrar que la meditación afecta directamente el funcionamiento y estructura del cerebro, cambiándolo en formas que aparentemente aumentan el período de atención, agudizan el enfoque y mejoran la memoria.
Un estudio reciente encontró evidencia de que la práctica diaria de la meditación engrosaba las partes de la corteza cerebral responsables por la toma de decisiones, atención y memoria. Sara Lazar, una investigadora en el Hospital General de Massachussets, presentó resultados preliminares en Noviembre pasado que mostraron que la materia gris de 20 hombres y mujeres que meditaban por sólo 40 minutos diarios era más gruesa que la de gente que no lo hacía. A diferencia de estudios previos conducidos en monjes Budistas, los sujetos eran trabajadores del área de Boston que practicaban un estilo occidental de meditación llamada “Mindfulness” o meditación de contenidos. “Mostramos por primera vez que no es necesario hacerlo todo el día para resultados similares”, dice Lazar. Más aún, sus investigaciones sugieren que la meditación puede retardar el adelgazamiento natural de esa sección de la corteza que ocurre con la edad.
Las formas de meditación que Lazar y otros científicos están estudiando se enfocan en una imagen o sonido o la propia respiración. Aunque engañosamente simple, la práctica parece ejercitar las partes del cerebro que ayudan a enfocar la atención. “La atención es la clave del aprendizaje, y la meditación ayuda a regularla voluntariamente”, dice Richard Davidson, director del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin. Desde 1992, ha colaborado con el Dalai Lama en el estudio de los cerebros de monjes Tibetanos, a los que llama “los atletas olímpicos de la meditación”. Usando cascos con sensores eléctricos ubicados en las cabezas de los monjes, Davidson ha captado ondas gamma inusualmente poderosas que están mejor sincronizadas en los Tibetanos que en los aprendices de meditación. Los estudios han conectado esta sincronización de las ondas gamma a la conciencia acrecentada.
Mucha gente que medita afirma que la práctica les restaura la energía, permitiéndoles ejecutar mejor tareas que requieren atención y concentración. De ser así, ¿no sería una siesta al mediodía igual de buena? No, dice Bruce O’Hara, profesor asociado de biología en la Universidad de Kentucky. En un estudio que será publicado este año, tuvo a estudiantes universitarios ya fuera meditando, durmiendo o viendo TV. Luego los evaluó en lo que los sicólogos denominan vigilancia sicomotora, pidiéndoles que apretaran un botón cuando una luz se prendía en una pantalla.
Los que habían sido entrenados para meditar mostraron un rendimiento 10% superior –“un enorme salto, estadísticamente hablando”, dice O’Hara. Los que durmieron lo hicieron significativamente peor. “Lo que significa”, teoriza O’Hara, “es que la meditación puede restaurar las sinapsis, tanto como el sueño pero sin el letargo inicial”.
No es sorprendente que, dado estos resultados, un creciente número de compañías –incluyendo el Deutsche Bank, Google y Hughes Aircraft –ofrezcan clases de meditación a sus trabajadores. Jeffrey Abramson, Gerente General de Tower Corp, una firma de desarrollo de Washington, dice que un 75% de su personal asiste a clases gratuitas de meditación trascendental. Hacer más inteligentes a los empleados es sólo un beneficio; los estudios dicen que la meditación también mejora la productividad, en gran parte al prevenir enfermedades relacionadas con el stress y reduciendo el ausentismo.
Otro beneficio para los empleadores: la meditación parece ayudar a regular las emociones, lo que a su vez ayuda a la convivencia. “Uno de los más importantes dominios en que la meditación actúa es la inteligencia emocional –un conjunto de habilidades que tiene muchas más consecuencias en el éxito en la vida que la inteligencia cognitiva”, dice Davidson. Así que, para un propósito de Año Nuevo que puede pagar grandes dividendos en casa y la oficina, esta es una buena idea: sólo respire.
http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,1147167,00.html

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