Responsabilidad.
No creo en la culpa, aún cuando no puedo dejar de reconocer su necesidad como mecanismo regulador de la sociedad, dado que la abrumadora mayoría de la gente no está capacitada para cuidar de sí mismos. Como consecuencia de esta renuncia mía a la culpa, estoy obligado a creer a concho en la responsabilidad. Es lo único que me previene de convertirme en un delincuente o un sicópata, por fortuna su solidez es absoluta. (Desafortunadamente para mi familia, no me previene de desafiar una y otra vez algunas convenciones sociales que no me parecen universales, pero esa es otra historia.)
De ninguna manera pretendo someter a los demás a los rígidos códigos de conducta que me aplico yo mismo, eso me llevaría directamente al aislamiento más absoluto y no es la idea. Pero hay un mínimo que debe ser respetado: la línea de la decencia, podríamos decir. Y cuando veo que hay terceros que pretenden eludir sus responsabilidades con componendas de última hora, me digo a mi mismo que de ninguna manera puedo prestarme para eso. A lo mejor más adelante, en otro lugar y otro momento, trato de componer algunas cosas que no van a terminar como debieran con la gente que me importa, pero confío ser capaz de arreglarlas. Pero este no es el lugar. A lo mejor debiera ser más generoso, pero la generosidad hay que ganársela y en este caso sólo corresponde ser justo. Tal vez voy a hacer sufrir innecesariamente a gente que no se lo merece y que ya ha sufrido bastante, espero obtener su comprensión en otras circunstancias y pagaré lo que me corresponda pagar. Quisiera que las cosas fueran más sencillas, pero aquí y ahora no puedo actuar de otra manera. No se puede.
No creo en la culpa, aún cuando no puedo dejar de reconocer su necesidad como mecanismo regulador de la sociedad, dado que la abrumadora mayoría de la gente no está capacitada para cuidar de sí mismos. Como consecuencia de esta renuncia mía a la culpa, estoy obligado a creer a concho en la responsabilidad. Es lo único que me previene de convertirme en un delincuente o un sicópata, por fortuna su solidez es absoluta. (Desafortunadamente para mi familia, no me previene de desafiar una y otra vez algunas convenciones sociales que no me parecen universales, pero esa es otra historia.)
De ninguna manera pretendo someter a los demás a los rígidos códigos de conducta que me aplico yo mismo, eso me llevaría directamente al aislamiento más absoluto y no es la idea. Pero hay un mínimo que debe ser respetado: la línea de la decencia, podríamos decir. Y cuando veo que hay terceros que pretenden eludir sus responsabilidades con componendas de última hora, me digo a mi mismo que de ninguna manera puedo prestarme para eso. A lo mejor más adelante, en otro lugar y otro momento, trato de componer algunas cosas que no van a terminar como debieran con la gente que me importa, pero confío ser capaz de arreglarlas. Pero este no es el lugar. A lo mejor debiera ser más generoso, pero la generosidad hay que ganársela y en este caso sólo corresponde ser justo. Tal vez voy a hacer sufrir innecesariamente a gente que no se lo merece y que ya ha sufrido bastante, espero obtener su comprensión en otras circunstancias y pagaré lo que me corresponda pagar. Quisiera que las cosas fueran más sencillas, pero aquí y ahora no puedo actuar de otra manera. No se puede.

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