La máscara.
El domingo dieron en el trece la película donde Jim Carrey empezó con sus muecas. No aguantamos más de quince minutos, aunque debo reconocer que las películas donde el tipo no deforma la cara suelen ser notables (Liar liar, El show de Truman y esa otra rarísima con la Kirsten Dunst). En fin, que últimamente mis lecturas vuelven siempre a tocar el eterno tema de las máscaras. Un par de citas, que se suman a la que da inicio a El Perseguidor de Cortázar (I make me a mask), o el inolvidable Aforismo 40 de Más Allá del Bien y el Mal, que está en alguna parte de este subespacio virtual. Comparto estos nuevos e inquietantes aportes sobre el particular.
“La gran fatiga de la existencia tal vez no sea, en una palabra, sino ese esfuerzo que realizamos para seguir siendo veinte años, cuarenta, más aún, razonables, para no ser simple, profundamente nosotros mismos, es decir, inmundos, atroces, absurdos. La pesadilla de tener que presentar siempre como un ideal universal, superhombre de la mañana a la noche, el subhombre claudicante que nos dieron.” (Céline, Viaje al fin de la noche)
“Si en esos períodos se mostraba contenida y razonable era sólo porque imitaba mecánicamente un comportamiento que consideraba racional.” (Bowles, El cielo protector)
El domingo dieron en el trece la película donde Jim Carrey empezó con sus muecas. No aguantamos más de quince minutos, aunque debo reconocer que las películas donde el tipo no deforma la cara suelen ser notables (Liar liar, El show de Truman y esa otra rarísima con la Kirsten Dunst). En fin, que últimamente mis lecturas vuelven siempre a tocar el eterno tema de las máscaras. Un par de citas, que se suman a la que da inicio a El Perseguidor de Cortázar (I make me a mask), o el inolvidable Aforismo 40 de Más Allá del Bien y el Mal, que está en alguna parte de este subespacio virtual. Comparto estos nuevos e inquietantes aportes sobre el particular.
“La gran fatiga de la existencia tal vez no sea, en una palabra, sino ese esfuerzo que realizamos para seguir siendo veinte años, cuarenta, más aún, razonables, para no ser simple, profundamente nosotros mismos, es decir, inmundos, atroces, absurdos. La pesadilla de tener que presentar siempre como un ideal universal, superhombre de la mañana a la noche, el subhombre claudicante que nos dieron.” (Céline, Viaje al fin de la noche)
“Si en esos períodos se mostraba contenida y razonable era sólo porque imitaba mecánicamente un comportamiento que consideraba racional.” (Bowles, El cielo protector)

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